Násara Iahdih Said |  Marzo 2020

“Las mujeres saharauis somos empoderadas, fuertes y la violencia machista no existe en nuestra sociedad”. Esto sentenciaba Hayeba El Kori en un periódico vasco (español).

Querida Hayeba, siento decirle que la realidad material de las mujeres saharauis, tanto en los campamentos de refugiados como en España como en los territorios ocupados por Marruecos, es absolutamente opuesta a la que usted describe con absoluta frialdad en ese periódico.

En ningún momento de nuestra historia hemos sido empoderadas o feministas ni nos hemos liberado del yugo de la violencia patriarcal. Desde tiempos inmemoriales, nuestra situación siempre se ha basado en la subordinación ante el Tribunal Social saharaui y muy concretamente ante los machos de la familia. Jamás hemos sido libres, querida Hayeba, jamás. Esa realidad que describes en ese periódico, además de ser ficticia, es mera propaganda política para los machos que dirigen la política exterior saharaui.

Lo que sí ha sido la mujer saharaui es instrumentalizada para presentar a nuestra sociedad ante el mundo exterior como las más libres de las sociedades musulmanas. Todas hemos participado de esa propaganda política y, ¡¿cómo no hacerlo?! si estamos presionadas hasta grados inimaginables para no bifurcarnos del pensamiento único.

Querida Hayeba, le voy a contar lo que usted ya sabe, lo que ha ocultado y romantizado sobre la situación de las mujeres saharauis en beneficio de una propaganda política y en detrimento de las mujeres saharauis:

Las mujeres saharauis sufrimos violencia, la misma que cualquier otro país árabe, e incluso en mayor medida que la mayoría. Nuestra situaciones poco se diferencia de una mujer saudí o iraní; lo único que nos diferencia es que sus leyes son escritas y las nuestras consuetudinarias.

Las mujeres saharauis vivimos en un patriarcado de coacción, un patriarcado cuyas exigencias son punitivas. Es tal la violencia patriarcal que sufrimos que hasta el día de hoy, las feministas (convencidas) se pueden contar con los dedos de una mano y sobran dedos.

Pronunciar la palabra “feminismo” es un auténtico escándalo en nuestra sociedad.

Bien sabe usted, Hayeba, que las mujeres saharauis estamos obligadas a ajustar nuestra conducta, pensamiento y decisiones al pensamiento único. Cualquiera que se salga de ahí afrontará consecuencias graves; bien lo saben mis compañeras de ‘conciencia feminista’ (نحو وعي نسوي), bien lo saben las compañeras de Amnat Thawra y bien lo saben tantas de mujeres que se han visto obligadas a elegir entre su familia y su felicidad.

El patriarcado de coacción en el que vivimos no necesita leyes escritas para exigirnos un determinado modo de vida, porque ya el Tribunal Social Islámico Saharaui se encarga de emitir sus leyes moral-islámicas y castigar a las mujeres que no las cumplan.

Querida Hayeba, voy a enumerarle algunas de las tantas violencias que sufrimos, esas que usted ya conoce y oculta.

1º  En nuestra sociedad existen cárceles para mujeres que tienen hijos producto de relaciones extramatrimoniales. El oficialismo se defiende diciendo que es para protegerlas de sus familiares, pero dicha afirmación es tan falaz como el mensaje de Hayeba respecto al empoderamiento de las mujeres saharauis, pues son los propios familiares los que las entregan a la policía. Es un tema tabú, no se habla de ellas, es imposible llegar a ellas para conocer su situación en esas cárceles, está todo hermetizado para que siga siendo tabú y no se les caiga la cara de vergüenza al hablar de derechos humanos.

2°  La melhfa, ese elemento del cual tan orgullosa se siente, es obligatoria en nuestra sociedad. Las mujeres saharauis que visitan los campamentos de refugiados se ven obligadas a ponérsela en el aeropuerto de Argel. Es absolutamente inconcebible que una mujer saharaui no la lleve. En cuanto a las pocas que reniegan de su uso por su significado misógino, la historia es mucho más dura.

La melhfa es un elemento misógino cuya esencia es culpabilizar a las mujeres por el mero hecho de serlo, y por ello deben esconderse tras ella.

La melhfa también se está utilizando para instrumentalizar a las mujeres, reducirnos a meras representaciones estéticas frente a “los otros”. Porque nuestro rol es ese: representar al pueblo saharaui, pero no participar en la creación, modificación o supresión de las políticas que afectan a nuestra convivencia.

3° Las mujeres saharauis sólo hemos tenido autoridad en el mundo interior, el doméstico: construir jaimas, cuidar de los hijos, esperar al marido y sobrecargarnos con la identidad del pueblo saharaui. Porque el mundo exterior, solo le pertenece a los hombres saharauis, lo consideran peligroso para el segundo sexual: las mujeres. Ello nos ha privado de capacidad LEGISLATIVA dentro de nuestra sociedad y nos ha marginado y reducido a la representación de la sociedad saharaui con símbolos culturales y religiosos.

El papel que nos han otorgado es el de ser “madre de”, “hija de” y “esposa de”. Si eso lo llamamos empoderamiento, desde luego no hablamos el mismo idiomas feminista.

4° Se dan casos de poligamia en nuestra sociedad. Las consecuencias psicológicas de esta práctica son atroces. Las esposas viven en una batalla continua para ganar terreno respecto al marido.

5° Cientos de niñas están siendo privadas de sus estudios en Cuba, porque la familia ve peligrar su honor.

6° Existe un culto absoluto alrededor de nuestra virginidad. El honor de nuestros machos depende de nuestra virginidad. De ahí el retroceso que estamos viviendo las mujeres saharauis. Nuestra libertad está absolutamente coartada. La única libertad de acción que tenemos es la que nos permita la sociedad, y bien sabe usted que dicha libertad de acción es profundamente estrecha.

7° Existen mujeres “colgadas” en los campamentos e incluso, en España. Las mujeres “colgadas” son las mujeres a las que el marido no les quiere dar el divorcio y que vuelven a rehacer su vida, a no ser que el marido se apiade de ellas o se canse.

8° El divorcio en nuestra sociedad sólo lo puede llevar a cabo el hombre.

9° Para contraer matrimonio, antes debemos pedirle permiso a nuestros familiares masculinos y estos son los que tienen la última palabra.

10° El maltrato matrimonial: se desconoce su existencia (aunque yo conozco casos cercanos donde el marido usa la violencia física), pero dudo que sea porque no exista, sino por ser tabú. Está mal visto que un marido maltrate físicamente a su mujer en nuestra sociedad, lo que obliga a muchas a no decir nada para no perjudicar la reputación de su marido.

11° El maltrato psicológico existe en nuestra sociedad; es una de las lacras que nos impiden ser nosotras mismas. El hecho de que nos cueste salir de ese pensamiento único se debe principalmente a ese chantaje emocional que nos culpabiliza por el mero hecho de existir. Chantaje emocional ejercido por todos nuestros miembros familiares: “No manches nuestro honor”. Por el Tribunal Social saharaui: No avergüences a tu familia y sociedad”. Y en última instancia, por nuestros representantes políticos: “No laves los trapos sucios ni dentro ni fuera, ocúltalos por el bien de la causa”.

12° Estamos absolutamente presionadas para cumplir un determinado cánon de belleza donde cientos de mujeres arriesgan su salud utilizando medicamentos peligrosos. Estamos presionadas para contraer matrimonio antes de cumplir los 30 años, y cuantos más años cumplimos, mayor es la presencia que se ejerce.

13° El acoso sexual es una realidad en nuestra sociedad, pero la ley del silencio nos impide hablar de ello. En algunas ocasiones se obliga a las chicas a casarse con su violador. En la mayoría de las ocasiones, el violador no recibe el castigo merecido, pues el castigo se invierte: lo termina sufriendo la víctima.

14° La prueba de la virginidad se sigue practicando. Y si una chica resultara no virgen será deshumanizada ante la mirada de su familia y sociedad, será marginada y usada como un desecho social.

Y le puedo hablar de todas esas mujeres repudiadas por su familia y sociedad. ¿El motivo? No cumplir con la conducta impuesta por nuestra sociedad. La mayoría vive lejos, aisladas de nuestra sociedad por miedo al acoso familiar. ¿Le hablo de las que están casadas con hombres occidentales? ¿De las que tienen hijos con hombres occidentales? ¿De las mujeres secuestradas por sus familiares en los campamentos de refugiados saharauis?

Y esto, querida Hayeba, es solo la punta del iceberg, que usted conoce mejor que yo y prefiere ocultar.

Cerraré esta réplica con una frase de Amelia Valcárcel: “No quiero sentirme empoderada; quiero tener poder, y una vez lo tenga, ya buscaré cómo sentirme empoderada”.

Por tanto, si no tenemos poder de autonomía sobre nuestro cuerpo, nuestro día a día y tampoco capacidad legislativa para establecer las normas que rigen nuestra sociedad, no podemos hablar de empoderamiento.

¿Dónde ve usted el empoderamiento de las mujeres saharauis, señora Hayeba El Kori? ¿Es usted consciente de la gravedad de su negacionismo a conciencia?

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Násara Iahdih Said es activista feminista y saharaui. Seguir en Twitter

4 comentarios sobre “Negacionistas del patriarcado saharaui

  1. Gracias gracias y gracias! Estuve trabajando más de dos años en los campamentos de personas refugiadas y veía cada día todo lo que has explicado.
    Gracias por tu valentía y sobre todo por tu lucha.
    Ánimo!

    Me gusta

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